lunes, 21 de enero de 2013

Los bailes de Salón – Por Sergio Cardozo

¿Por qué bailar?

Si has llegado hasta este texto es una pregunta que puedes responder por ti mismo.


Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que el baile - y el movimiento en general-, es la primera forma de expresión y comunicación desde que nacemos. Encuadrado dentro de la expresión libre, no persigue a priori otra cosa que el placer por el movimiento y la diversión que genera su práctica.
A través de la historia de las distintas culturas podemos apreciar que las manifestaciones danzadas aparecen sistemáticamente con otros fines específicos como por ejemplo: lo ritual, mágico o religioso; en festejos o preparación para otras actividades: siembra, cosecha, guerra, iniciación sexual; también como ostentación de riquezas,  lujo y finalmente también como demostración artística o deportiva. En cualquiera de estos contextos la característica común es la expresión y la comunicación.

Dentro del ámbito de nuestra cultura occidental, los bailes de salón surgen principalmente como uno de los medios de acercamiento entre las personas, especialmente en la relación hombre-mujer, donde se mezclan otro sin fin de sentimientos añadidos no  excluyentes unos de otros, como pueden ser: diversión, catarsis, sensualidad, competencia y que cada persona pondrá en funcionamiento a la hora de realizarlos. Sentimientos, actitudes o expectativas que los profesionales del baile debemos tener presente porque ciertamente incidirán en las clases y tendremos que convivir con ellos en el desarrollo de nuestra labor.

Hoy en día en nuestra sociedad y sobre todo en las grandes ciudades, son pocos los espacios que existen para bailar. Antiguamente se aprendían y practicaban en reuniones sociales o festejos de la comunidad y desde niños se iban aprendiendo de una manera intuitiva y por imitación. Cada cual se las ingeniaba para entenderse con su pareja habitual y entablaba una comunicación personal desde el propio baile.

Lamentablemente a lo largo de la historia de estos bailes y en determinadas épocas fueron cargándose de prejuicios, menospreciando o ridiculizando esta manera particular de comunicarse (¿habrá sido quizás por temor al ridículo de la propia torpeza?). Lo cierto es que hoy en día están en auge nuevamente y quiero creer que cada vez somos más conscientes de la necesidad de encontrar nuevos espacios para el encuentro con los demás.

Si bien los bailes de salón pueden encuadrarse metodológicamente como cualquier otra técnica de danza (con una serie de pasos a aprender y una forma de desarrollarlos, tanto individual como en parejas), es su carácter social lo que le hace única. Precisamente es esta característica la que conlleva las mayores dificultades a la hora de poder enseñarlos y aprenderlos: conjugar la técnica del baile en contacto y comunicación con otro desde un lenguaje no verbal y con sus propios códigos.

Hoy en día existen dos modalidades para practicarlos: el social y el deportivo.  Del primero podemos mencionar: Salsa, Vals vienés, Fox, Merengue, Vals inglés, Cha cha chá, Swing, Bolero, Pasodoble, Rock’n roll, Tango y un largo etcétera. Del segundo existen básicamente dos modalidades: Latinos y estándar. Pero sobre este tema hablaré en próximos artículos.

Cada persona decidirá cuál es la forma más adecuada para sí mismo.


Quiero compartir esta secuencia cinematográfica de uno de bailarines más influyentes en la historia de los musicales de cine y televisión. Balanchine y Nureyev le consideraron el mejor bailarín del siglo XX.
FRED ASTAIRE and CYD CHARISSE - Dancing in the dark, at the Central Park.
The Band Wagon. 1953.


Algunos enlaces interesantes sobre:
Baile de salón social: http://lorienbailes.blogspot.com.es/
Baile de salón deportivo: http://www.bailedeportivo.net/




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